Hay veces, que nos sobreviene una profunda tristeza. Sin quererlo, nos impregnamos de soledad , de incomprensión …
Somos como personajes de una novela o actores de una obra de teatro , que sobrevivimos como podemos a una existencia que nos embiste sin piedad.
Lo peor: todos parecemos condenados a la ruina, al olvido y, en el mejor de los casos, a la mera
subsistencia.
En esta aventura, yo tengo el papel de una chiquilla , que alberga todavía sueños, pese que la inercia de la vida se los quiera arrebatar, aún hay esperanza.
Teme ser atrapada por las tinieblas, y solo vive con un propósito que la sustenta: impedir su propio desplome inminente.
Pero por suerte, en está historia, hay también almas cálidas que, sobrecogidas por la rudeza del mundo esperan en silencio ser llamadas y rociarnos de risas y dichas. Mientras, se vacían los bolsillos de egoísmos y los repletan de clemencia.